Archive for Canada
Give them sympathy
Posted by: | CommentsDespués de presentarse en el festival de Squamish en BC y en Sonic Boom en Alberta, el mes pasado Metric anunció fecha en México: 11 de enero de 2012. El lugar, Auditorio Nacional; la banda telonera, Chikita Violenta; y los precios, que van de $800 a $300.
En 2006 los cuatro integrantes de la banda se dieron cuenta de que tras tres años consecutivos de gira, las letras de un nuevo álbum inmediato no iban a tratar más que de eso: de una banda en carretera, así que decidieron hacer una pausa e ir a vivir y hacerse de experiencias cada quien por su cuenta. Emily Haines (vocalista) se fue de retiro espiritual a Argentina; Jimmy Shaw (guitarrista), asociado con Sebastien Grainger de Death from Above 1979, hizo su propio estudio de grabación en Toronto; y Joshua Winstead (bajista) y Joules Scott-Key (baterista) hicieron tour de Bang Lime, su proyecto independiente.
Cuando llegó el momento, se reencontraron en Londres, de donde partieron hacia un bosque en Bear Creek, a las afueras de Seattle. Ahí escribieron Gimme sympathy, el tercer single y una de las primeras canciones contempladas para Fantasies, su cuarto álbum de estudio.
Creo totalmente que a esa canción le va mejor su versión acústica. Además el que la letra de una canción haga referencia a otra siempre me ha parecido una de las cosas más bonitas. (“You’re gonna make mistakes, you’re young/ Come on, baby, play me a song/ like Here comes the sun“). El título mismo intenta ser un híbrido de Gimme shelter y Sympathy for the devil.
Pero como hasta las cosas que nos gustan se pueden arruinar a sí mismas, sobre el coro de esta canción, “Who’d you rather be: The Beatles or the Rolling Stones?”, con toda la soberbia que ha podido darle el éxito de Fantasies, Emily opina: ninguno.
Fuente: Metric official site
Arcade Fire @ Place des Festivals, Montréal
Posted by: | CommentsEn el estacionamiento de donde iba a partir el coche de Allo Stop, sólo vi sentada en la banqueta a una chica de mohicana roja y gafas oscuras. Le pregunté si estaba esperando al mismo conductor que yo, me dijo que sí y nos presentamos. Le pregunté a qué iba a Montreal. Curiosamente, también al concierto de Arcade Fire. Me dijo que era muy fan de ellos y de Karkwa, la banda telenora, así que en cuanto llegáramos a Crémazie —alrededor de las 2:00 p.m.— iba a irse directo a Place des Arts a apartar su lugar: siete horas de espera.
Un día después de su concierto en el Métropolis (cuyos tickets se agotaron en minutos) y como parte del Pop Festival 2011, Arcade Fire tocaba esa noche en Place des Festivals, en el Quartier des Spectacles, en el centro de Montreal. Yo llegué con un amigo cuando Karwa seguía tocando. En la calle del escenario había un stand de Aldo donde nos regalaron vasos alusivos al concierto, y al lado un stand de Kanpe, una organización que busca ayudar a combatir la pobreza en Haïti. Una chica se acercó y nos preguntó si queríamos donar. Nos explicó que por cada dólar que la gente daba, Arcade Fire donaría otro.
El espacio para el público formaba una especie de ele dividida: el cuadro que corría recto desde el escenario y otro que empezaba en la calle perpendicular. Si se estaba ahí, para llegar al escenario había que salir de ese bloque porque la calle estaba cerrada.
Estábamos viendo el stand de las playeras y los pósters cuando empezó a sonar Ready to start y fuímos corriendo a integrarnos al público.
Entre Modern Man y Rococo Régine, de vestido tornasol y guantes con lentejuelas, tomó el micrófono para hablar muy entusiasmada sobre un libro que había cambiado su vida e invitó al autor a subir al escenario. A nadie nos quedó muy claro cómo se llamaba ni de qué iba. No cars go fue una de las canciones que más disfruté. La música de esa canción, desde que la escuché en Reactor en 2007, siempre me ha conmovido, porque fue con la que descubrí a la banda y porque me recuerda un cierre de ciclo. El largo intro del piano en We used to wait levantó gritos de tanta expectación. Neighborhood #3 fue la última canción que tocaron antes del encore. “Si me ven mañana en la calle no me pidan foto, díganme: ¡Hey, yo te vi ayer en el show!, y yo les voy a decir: ¡Hey, yo también te vi!“, dijo Win Butler antes de despedirse.
Al final del concierto lanzaron al público varias pelotas blancas con luces, Régine cambió de vestido, Win se puso el saco y Will Butler rompió un tambor.
Terminado el show y conforme la gente se iba, nos acercamos al escenario vacío entre vasos de cerveza y bolsas tiradas en el piso. Es padre la sensación de caminar de noche entre los restos del concierto y estar en medio del espacio donde antes estuvo todo el furor.
Bajamos por St Catherine y entramos al Musée d’art Contemporain. Afuera de los baños había unos chicos cantando Sometimes I can’t believe it/ I’m moving past the feeling…, diciendo que estaban roncos, que el concierto was so fucking awesome, switcheando sus gritos del inglés al francés.
Pasamos por un café al Tim Hortons y cuando bajamos de nuevo por la calle principal vimos que ya estaban limpiando la basura de la plaza. Llegamos al departamento de mi amigo, en el Village, y al poco tiempo llegó su novio. Nos preguntó qué tal había estado el concierto, y antes de que respondiéramos me dijo: “Ah, una sorpresa: su estudio está a dos cuadras de aquí, en Lartigue”.
Al día siguiente pasamos por esa calle y tratamos de adivinar cuál de todas esas casas de ventanales, puertas de madera y escaleras montrealenses sería el estudio.
En la noche llamamos a un chico que está estudiando en la UQAM y que yo había conocido semanas antes de llegar a Canadá. Llegó al departamento con cervezas y un amigo argentino que había estado muy cerca del escenario en el concierto. Nos dijo que había llegado desde las 4:00 y que le sellaron el antebrazo, así que pudo salir de esa sección y volver a entrar sin perder su lugar. Dijo que sellaron hasta las 7:00. Su amigo nos preguntó si nos habíamos dado cuenta de que Win y Régine todo el tiempo dijeron solo “Gracias, Montreal”, “Gracias, Quebec”. Creía que había sido un gesto hacia la comunidad independentista de la provincia.
Éste fue el setlist del concierto. La calidad del sonido y los colores de la iluminación hacían sumergirse en cada canción. Sonrieron, bailaron y agitaron los ánimos de esa última noche del verano: parecían estar disfrutándolo tanto como el público. De principio a fin dijeron estar muy contentos de estar de vuelta en casa, y justamente eso —con todo lo que sentí que puede significar para propios y extraños, fuereños y quebequenses— fue lo que transmitieron.

Foto 6: proacguy1
Foto 7: P. Obendrauf









